Todavía no salimos del asombro, nuestra cabeza, la de los médicos, la de los políticos, la de los especialistas que estudian los virus, todas están llenas de preguntas sin contestar. Cómo puede ser posible que en el siglo XXI, con todos los medios que tenemos, podamos saber tan poco de este enemigo, tan peligroso? Enemigo que ha encerrado en sus casas varios millones, que ha contagiado a 6,263.581 y ha matado a 376.000, y los que faltarán de América y África, pero además ha sido capaz de inmovilizar a miles de aviones en todo a el mundo, millones autos,  de trenes, parar todas las industrias grandes y chicas? Que salió de China en el mes de enero y en tres meses se ha extendido por todo el mundo. Le hemos puesto como nombre  COVID 19, que marcará la historia casi tanto como una guerra mundial. De hoy en adelante, habrá un antes y un después del COVID 19. El virus se ha hecho presente en el medio ambiente, pero ¿intuimos de dónde viene y por qué se ha hecho presente?.

Se ha hablado mucho de la biodiversidad de las especies , nosotros somos una de ellas, y la única capaz de alterar el orden sistémico en donde nos desarrollamos. Con nuestro actuar, con nuestra forma de desarrollarnos y de vivir, no solo cambiamos el medio ambiente, sino que alteramos el orden, el sistema en el que podría desarrollarse naturalmente.

Todo el mundo sabe que con  nuestro rápido crecimiento de los últimos  70 años, hemos creado mucha riqueza, el PBI mundial ha crecido cuatro veces, pero nos estamos dando cuenta de que no podemos seguir creciendo de igual manera, porque ha sido a costa de otras formas de vida, que van desapareciendo del planeta y que, sin saberlo, eran necesarias para no alterar nuestro ambiente.  Hemos perdido el 20% de especies, otro 25% de animales y plantas está en peligro de extinción, y esto supondría en total un millón, que perderíamos si seguimos con este modelo.

Sin embargo, y acá es donde entra nuestro enemigo, el COVID 19, dicen los ecólogos: “ Que no hay sistema sanitario más capaz de defendernos de los virus que la naturaleza” (Fernando Valladares, Director del Grupo de Ecología y Cambio Global del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, CSIC). Y lo explica: “ Si protegemos la biodiversidad, protegemos la salud, porque ayuda a repartir la carga vírica entre las distintas espacies……cuantas más especies intermedias coloquemos como colchón, el riesgo para nuestra salud  es menor”. Para terminar diciendo: “ El empobrecimiento de los ecosistemas en general causa una pérdida de diversidad biológica y abre una autopista para  los virus”. El año 2019 hemos deforestado en el Perú 149.000 hectáreas de bosques. ¿Cuánta naturaleza hemos matado? Dicen que le hemos quitado su casa al COVID 19 y se ha buscado otra.

Y resulta que el día 5 de junio del 2009,  el gobierno de Alan García mandó a desalojar una carretera tomada por los nativos Awajún y Wampis  para defender nuestra Amazonia, contra unas leyes no constitucionales que querían abrirla, más de lo que está, al capital extranjero para que extraigan sus recursos. Producto de la mala operación policial y de la orden dada cuando no habían condiciones  para dicho desalojo, murieron 34 peruanos. Hoy lo tenemos que recordar y sacar algunas lecciones, como por ejemplo: ¿por qué no se escucha desde Lima el clamor de las comunidades nativas? ¿Por qué se dan órdenes desde Lima, a 1000 Kms de los hechos, sin conocer la situación real? ¿Por qué nos creemos, desde Lima, que la Amazonia es un lugar vacío y que hay que saquearlo para el  crecimiento del Perú?

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente y a nosotros nos toca cuidar y recuperar el nuestro, pero muy especialmente nuestra Amazonía. Deberíamos unirnos a los sueños del Papa Francisco:

Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida. Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana. Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas. Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos. (Exhortación apostólica “Querida Amazonía”).

P. Paco Muguiro Ibarra, SJ

Manresa, Barcelona, 3 de junio del 2020