¿Cómo hablar de la justicia y comprometerse con ella sin dejar de trabajar por la paz? De alguna manera, es la pregunta que muchos cristianos nos hacemos ante la situación política actual del país, que exige de nuestra parte una posición clara en defensa de las personas e instituciones que con valentía vienen desenmascarando a la corrupción, y que al mismo tiempo nos llama a mirar más lejos, a mirar la necesidad de establecer relaciones humanas que favorezcan la paz y reduzcan la violencia. Por supuesto, no existe ninguna contradicción entre estas dos exigencias, podríamos decir incluso que ambas se presuponen. Sin embargo, no siempre tenemos esto así de claro en nuestra vida cotidiana.

Vivimos, no solo en el Perú, tiempos en los que la confrontación y la violencia parecen exacerbarse. Es verdad que hemos conocido tiempos peores, pero también es verdad que estamos lejos del ideal de paz que anhelamos y que no hay forma de protegernos de manera definitiva contra la violencia. En este sentido, el aumento de regímenes con un discurso abiertamente violento en el mundo, y últimamente en Sudamérica, dan cuenta de lo frágil que puede ser nuestra convivencia. Ahora bien, estas propuestas no se gestan solo a nivel macro, también se van tejiendo en las relaciones interpersonales, en las discusiones cotidianas, en las redes sociales, allí donde muchas veces somos más proclives a la reacción que a la reflexión.

Por ello, es fundamental que aprendamos a luchar por una sociedad justa y que, al mismo tiempo, seamos capaces de relacionarnos de manera cordial con las personas concretas que están detrás de cada posición política o ideológica, incluso si están a todas luces equivocadas. De esto nos habla la tradición cristiana de la “corrección fraterna”, como modo de trabajar por relaciones humanas justas sin perder de vista la humanidad que nos constituye. Pero esto es importante, además, porque el respeto de la dignidad de todos es condición fundamental para que esta justicia, que con tanto esfuerzo vamos construyendo, sea verdaderamente sostenible y no presa fácil del rencor y la venganza.

P. Deyvi Astudillo, SJ
Responsable de Vocaciones Jesuitas
Publicado el 12/11/2018 en el Diario La República

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